3 comentarios Desde la Universidad de San Miguel.
A propósito de que el amor también duele, una señora, asidua lectora de este rincón reflexivo, me dijo recientemente que es posible que el corazón de un hombre o una mujer que haya amado mucho, y que de igual manera hayan sido lastimados hasta el borde de un intenso dolor, quizá tendría muchas, pero muchas cicatrices, mismas que vendrían a ser algo así como las huellas del sufrimiento del amor.
Esta interpretación alegórica sobre el dolor del amor, me llevó a otra reflexión, y que tiene que ver con el hecho de que ningún dolor, por intenso que sea, puede igualar al beneficio de amar con todas las fuerzas del alma, y por lo mismo, ningún ser humano, hombre o mujer, podemos negarnos la oportunidad de amar por el temor de ser lastimados; lo que significa que el amor es un estímulo, y que el dolor no debe convertirse en un freno.
Con estas ideas, me puse buscar en la Internet algo relacionado con “amor”, “dolor”, “corazón dolido”, “cicatrices en el alma” etc. etc., y para mi sorpresa, encontré una pequeña historia que hoy deseo reproducir en sus ideas más generales, pues tiene una relación muy directa con este tema. La historia, se desarrolla en un lejano país inexistente, donde los hombres tenían la facultad de ver más allá de lo evidente y dice más o menos así:
“Cierto día, un joven muy galante y enamorado, salió de su casa a pregonar las virtudes de su corazón, y llegando al centro del pueblo, se abrió el pecho y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca. Ante esa situación, una gran cantidad de curiosos, hombres y mujeres, se congregaron a su alrededor, y en efecto, confirmaron que el corazón de aquel joven era perfecto, pues no se le veían manchas ni rasguños.
Entre todos los curiosos que se habían acercado, estaba un anciano que veía como el joven aquel se ufanaba de la hermosura de su corazón, sin embargo, acercándose lentamente se plantó frente al joven aquel y le dijo en voz alta:
-¿Por qué dices que tu corazón es el más hermoso, si es menos que el mío?
Todos, absolutamente todos se sorprendieron del atrevimiento del anciano que tenía la osadía de desafiar el corazón de un joven, y más aún, cuando vieron el corazón que si bien es cierto latía aún vigorosamente, estaba cubierto de cicatrices e incluso, bordes y aristas irregulares que evidenciaban que era un corazón que había estado sujeto a muchos sufrimientos, pues además, daba la impresión de que le faltaban piezas o tenía algunas de reemplazo.
La gente sorprendida, apoyaba con la mirada la actitud del joven que burlonamente desafiaba al anciano diciéndole:
-¡Debes estar bromeando, compara tu corazón con el mío, el mío es perfecto comparado con el tuyo lleno de cicatrices y dolor.!
Entonces, el anciano con la sabiduría que dan los años, le dijo:
-¡Estas equivocado, la perfección del corazón, no se mide por su apariencia sino por lo que refleja.! El mío es un corazón que ha amado intensamente, que ha sido capaz de amar sin condiciones, que ha recibido dolor y desengaños, en cambio el tuyo, es un corazón tan solo de buena apariencia pero frío por dentro, pues esta acostumbrado a que lo amen, y en ese sentido, es un corazón egoísta, y nada que sea egoísta puede ser perfecto. Mira, esta cicatriz que ves aquí, fue producto de un desengaño, esta parte que falta aquí, es una que un día le entregue a alguien que no supo corresponder ni me ofreció un poco del suyo, y debo decirte además, que no todas la cicatrices son derivadas del amor de pareja, sino que este corazón que aquí ves desgarrado, es por que ha sufrido el dolor de los pobres y desamparados, que ha amado mucho a su prójimo sin esperar nada a cambio, y que la única compensación es que pueda seguir latiendo. Recuerda siempre que dar amor es arriesgar, y que a pesar del intenso dolor que estas heridas me han producido, al verlas me recuerdan que sigo amando y sigo con la esperanza que tal vez, algún día, vendrán a mí, pedacitos de corazón de otros con los cuales llenaré los huecos de las heridas. ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?
Ante estas palabras, la multitud congregada solo guardó silencio y el joven vanidoso agachó la cabeza, y con lágrimas en los ojos, arrancó un trozó de su corazón, y se lo ofreció al anciano, quién al recibirlo, arrancó un pedazo del suyo y tapó la herida del corazón del joven. Entonces, el joven vio que su corazón quizá ya no era tan perfecto, pero si resplandecía con la luz de la hermosura, pues el amor del anciano fluía desde su interior.”
martes, 14 de febrero de 2012
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